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Turismo y Cultura

ANÉCDOTAS CURIOSAS

El cura de un pueblecito castellano invitó a su colega del pueblo vecino, Don Críspulo de carácter bonachón y cuerpo orondo, a pasar la tarde en su casa pues se celebraban las fiestas en honor a San Blas en aquel pueblo.

Durante toda la tarde hablaron y hablaron de todos los temas relacionados con sus parroquias, de la vida cotidiana de sus pueblos, habladurías, chascarrilos, y bulos que circulaban de un pueblo a otro, sobre unas familias u otras, mientras tomaban café y pastas sentados a la mesa camilla, calentándose con su brasero de cisco pues la tarde era fría y desapacible.

Contaban como la familia de Ambrosio Rodríguez había comprado un carro en la capital por la feria en el que habían gastado todos sus ahorros y como desde entonces el cabeza de familia y su hijo mayor no frecuentaban tanto la taberna.

Continuaron contándose como la hija mayor de Isidro Moreno mantenía relaciones con el único hijo varón del señor Toribio Vaquero pese a las malas relaciones que ambas familias llevaban desde hace años por un problema de lindes y como la joven pareja se veía a deshora escondiéndose de los respectivos padres.

La conversación iba ganando en intensidad a medida que los dos sacerdotes pasaban del café con pastas al socorrido vasito de anís, con este panorama pasaron a comentar el tema mas escabroso de los últimos meses, como la viuda de Jeremías Sánchez antiguo alcalde del pueblo vecino que contaba con poco más de 50 años y según decían las malas lenguas muy rica, recibía visitas a horas poco propicias de un hombre casado de este pueblo y algunos años mas joven. Este tema llevo a los dos curas más de media hora algunos vasitos de anís y varias risotadas.

En un momento de silencio Don Críspulo preguntó a su colega por algo que le tenía intrigado desde que oyó ciertos rumores:

- Oye Avelino- le interrogó rompiendo el silencio - ¿y tú que tal con la ayuda que te has buscado?

- ¿Marcelina? -contestó visiblemente alterado- que quieres decir con esto, no se que estarás pensando, somos siervos de Dios y debemos comedirnos en nuestros pensamientos.

- No te molestes Avelino, pero ya sabes, hombre y mujer en la misma casa... replicó Don Críspulo.

- Basta Críspulo, no quiero hablar de ese tema, solo sabéis que pensar mal cuando un cura esta cerca de una mujer, y deberías saber que la acojo a cambio de que me ayude en las tareas de la casa, pues enviudó hace poco y no tiene posibles. -respondió Avelino con tono desafiante.

- Piensa mal y acertarás Avelino. -Dijo Críspulo medio en serio medio en broma, esbozando una sonrisa.

- Bueno Críspulo voy a cambiarme y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo a ver la fiesta. -Dijo Avelino mientras se levantaba de la mesa.

Quedose solo Don Críspulo que seguía sin olvidar los rumores que corrían por los dos pueblos sobre su colega Avelino, y de su interpelación no había sacado nada en claro, pero eso no iba a quedar así, había que encontrar la manera de descubrir si eran ciertos esos rumores que relacionaban al cura y su ama de llaves, estando en esto le llego la inspiración.

- !Ya lo tengo¡ exclamó.

Ni corto ni perezoso buscó un objeto que fuera muy necesario y de uso cotidiano, cogió la badila del brasero y con ella salió del salón y se dirigió a la alcoba del sacerdote, que en ese momento dialogaba sobre la cena con su asistenta en la cocina, metió la badila entre las sabanas de la cama de Don Avelino y rápidamente volvió al salón, y con mucho disimulo siguió comiéndose las últimas pastas.

No tardó en llegar su compañero y con un "ala vamos" entre enérgico y amistoso hizo levantar a Don Críspulo que se incorporó con aire de no haber roto nunca un plato y juntos salieron de la casa encaminándose hacia la plaza donde estaba el mesón de "la Trini" que junto con el Salón en la calle trasera centraban todo el bullicio de la fiesta.

- Entramos primero aquí, -dijo Don Avelino,- aunque esta mujer es una deslenguada y por eso vengo poco,- añadió.

En el momento que los sacerdotes entraban en el mesón, el reloj de la plaza dada las 8 de la tarde, el lugar no le hacia mucha gracia al párroco pues era refugio de las piezas menos recomendables del pueblo como los "Truchas" así conocidos por dedicarse a la pesca en los ríos cercanos y que llevaban años sin pisar por la iglesia.

Los dos curas pidieron vino y "la Trini" quiso servirlos personalmente haciendo una señal a su hijo para que la dejara.

Los "Truchas" que jugaban a las cartas en las mesas del fondo los miraron atónitos, y después de hacer algún comentario en voz baja siguieron jugando a las cartas como si tal cosa.

- Buenas tardes "ilustrísimas" -dijo "la Trini"- con aire jocoso, como por aquí, mientras llenaba de vino dos pequeños vasos.

- Una vez al año no hace daño -replico Don Avelino-.

- Pues muchas gracias por celebrar su "cónclave" en mi humilde local pero podían haber avisado para que lo hubiera adecentado un poco mas. -contesto "la Trini" burlándose de los dos curas.

- Solo un poco -farfullo Don Avelino dando un trago de vino. -Umm... -continuó- !este vino esta picado¡ -Dijo levantando la voz para que le oyeran todos los clientes.

- Pues sepan sus "señorías" que es el mejor vino de la comarca, quizás sea que los señores no están acostumbrados al buen vino, porque aquí no lo aguamos como en otros sitios que ustedes frecuentan a menudo. -dijo levantando la voz para que la oyeran todos, en clara referencia a la fama que de ello tenia el Salón, donde el cura gustaba mas de ir, y diciendo esto la "Trini" se alejó a la otra parte de la barra maldiciendo en voz baja.

- Porque le has dicho eso -dijo Don Críspulo.

- Es la única forma de que se aleje y no tenga la oreja puesta en lo que comentamos -respondió Don Avelino.

El mayor de los "Truchas" que había estado atento a la conversación entre los curas y la tabernera, se levanto, dirigiéndose hacia ellos medio tambaleándose por los efectos de los muchos vasos de vino que llevaba encima.

- !Haber¡ -farfulló -¿Es cierto lo que dicen aquí mis compañeros, sobre su romance, Don Avelino?

- Como se atreve -respondió indignadísimo Don Avelino mientras Don Críspulo le sujetaba la mano que sin duda estaba dispuesto a estampar en la cara del impertinente borracho.

- "El cura no tiene mujer, alguno se la tendrá que poner" -increpó desde la mesa uno de los compañeros de partida del mayor de los "Truchas", lo que provocó las risas de todos los que se encontraban en el mesón.

Los dos curas salieron apresuradamente del lugar mientras en el mesón continuaban las risas y los comentarios, y la "Trini" entre risotada y risotada decía: -Y los jodios se han ido sin pagar, pero lo que me he reído.

En la calle Don Avelino con un tremendo enfado le dijo a Don Críspulo -me voy a casa no tengo ganas de seguir,- y los dos se fueron para sus respectivas casas.

Meses más tarde Don Avelino devolvió la visita a Don Críspulo que se encontraba pachucho, pues estaba pasando un catarro, y sobre todo aprovechaba que era Santa Isabel  patrona del lugar.

Don Críspulo vivía solo en una casita aneja a la parroquia, y que contaba con un acceso directo a la iglesia, y siempre se quejaba por eso de lo fría que era la casa.

- Siempre te he dicho Avelino que mis problemas de salud son resultado de esta casa, decía Don Críspulo mientras servia un café bien caliente.

- Tonterías - replicó Avelino dando un sorbo al café- no deberías obsesionarte con eso, a la casa no le pasa nada, que tu no te encuentres a gusto, es otra cosa. Mira -dijo poniéndose interesante, te veo desde hace tiempo incomodo, debes salir a pasear o vete mas a menudo a verme, juega la partida con los amigos, en fin lo que te pasa es que sales poco, de la iglesia a casa, de casa a la iglesia, así no es extraño que se te caiga la casa encima.

- A mi lo que me hace falta es compañía, si tuviese como tu una compañera...

- Avelino no dejó acabar a Don Críspulo y subiendo el tono le dijo: -que insinúas, otra vez con lo mismo, sabes que Marcelina es una pobre viuda que tengo acogida y a cambio ella me cuida, ya tengo bastante con los del pueblo para que tu vengas otra vez con lo mismo.

- Ya se lo que dicen los rumores Avelino, pero he llegado a la conclusión de que es lo que yo necesito, poder hablar con alguien, y que me atienda la casa bueno ya sabes lo que es la soledad, y si te insisto en ello es por la envidia que me das, lo que debe ser tener la compañía de una mujer. -Suspiro Don Críspulo.

-Sigues sin entenderlo -replicó Don Avelino terminándose la taza de café- acuérdate de los botos que hicimos cuando entramos al servicio del Señor, lo mío, es una obra de caridad cristiana y no tiene nada que ver con lo que piensas, a si que olvídalo ya, ves que a mi solo me trae problemas, como te he dicho, entretén el tiempo libre en el huerto o arregla el tejado de la iglesia o limpia la ermita, no se, algo.

- ¿Quieres más café? -Cambió de tercio Don Críspulo.

- No, mas café no. -Contestó Don Avelino alegrándose de no seguir con un tema tan escabroso.

- Si quieres, tengo una "botellita" de coñac.- Dijo Críspulo levantando el ánimo.

- Bueno... si, la abres que te va a venir bien para el catarro. -Dijo Don Avelino con voz de satisfacción.

- Mientras la voy a buscar vete animando el brasero que se va quedando la habitación fría.- Le indico Don Críspulo mientras se levantaba de la mesa camilla.

Don Críspulo regreso varios minutos después con una botella de coñac añejo en una mano y dos vasitos, poco más grandes que los de anís, en la otra.

- Bueno qué, ¿escarbaste el brasero?, pues vamos a darle al coñac.- Dijo Don Críspulo mientras se sentaba a la mesa.

- Si.- Contestó Don Avelino.- A propósito, ahora que he visto la badila me he acordado que no encontramos la nuestra, por mas vueltas que hemos dado Marcelina y yo buscándola, nada, pues desde el día que estuviste tu en casa hace que no la vemos.

- No insinuarás que tengo yo algo que ver. -Replico Don Críspulo con la cara habitual de no haber roto nuca un plato, mientras pasaba un vaso medio lleno de coñac a su compañero.

- No, no,- Negó rotundamente Don Avelino- yo no digo que tengas tu algo que ver, pero ese día con el jaleo de la fiesta se pudo dejar en un sitio que no era el suyo, y ahora no la encontramos, y solo quería saber si tú la vistes. Umm... que bueno esta este coñac. -Continuó Don Avelino intentando zanjar el tema.

Don Críspulo pensó que era el momento, y no tardo en volver a la carga.

- De veras que no la encontráis. -Dijo con un tonillo irónico.

- Si, por muchas vueltas que hemos dado y nada, con la falta que hace en este tiempo. -Respondió Don Avelino.

Don Críspulo cambió de cara, en tono más alto y con voz de reproche le dijo: Si hubieras dormido en tu cama, hubieras visto la badila, lo que quiere decir que ni duermes en tu cama ni duermes solo, a si que en tu cama tienes la badila.

Don Avelino no salía de su asombro ni siquiera pudo articular palabra, sin mas se levanto de la mesa y se marcho de la casa de Don Críspulo.

Nunca mas los dos clérigos se volvieron a dirigir la palabra, y los dos tuvieron que vivir con los remordimientos de su comportamiento. Don Avelino avergonzado de sus actos y de su hipocresía, mientras que Don Críspulo se arrepintió siempre de su acción desleal.